A veces el Dragón ataca ferozmente como el odio de dios encarnado en un cuerpo escamoso.
A veces su peso me aplasta y me sofoca.
Pero yo respondo como puedo porque no vale de nada detenerse a llorar. Por cada mordida con dientes de metal devolví un cachetazo…
Por cada llamarada perfumada de azufre, una piña…
Por cada garra de silicio que desgarra el corazón, un escupitajo sangriento y espumoso en la cara…
Por cada golpe de su cola quebrantahuesos, un patada en los huevos…
Y cuando al fin me aplaste… alguien que haya visto podrá decir…: “el dragón bien, digo…solo bien…hizo la misma mierda de dragón que usa siempre para atormentar a los mortales… Llamaradas sulfúricas, garras de sílice, dientes de metal, pero el negro… ese si.
Cayó dando un bello espectáculo…”
miércoles, 13 de mayo de 2009
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