Bakunin va al infierno
O de cómo se desmoronan los mitos ante la luz del entendimiento.
Un buen día Bakunin murió. Estaba vivo el día anterior, retozando como un chancho en su Dacha y al día siguiente murió. Siempre ocurre así y nunca al revés.
Como responde a la lógica más simple, y por eso no menos solida, se fue de cabeza al infierno.
Allí lo recibió Lucifer, casi emocionado… todos los días llegan tipos hijos de puta al infierno, pero teóricos de ese nivel, pocas veces. El Malo estaba emocionado casi como un cholulo.
Pocas personas habían sido tan fervientes luchadoras por el ateísmo y la negación de dios y su Santa Madre Iglesia como el ruso.
Le brindó lugar entre sus nobles señores en la corte infernal, y residencia en la zona más selecta de Pandemónium, la capital del infierno.
Dos meses después los jóvenes turcos del infierno se levantaban contra el despótico gobierno del señor de las moscas. Las tropas infernales de los mas bellos y nobles ángeles caídos se enfrentaron a su emperador para derrocarlo e instaurar una república rojinegra y popular.
Pero, el recién formado “Ejercito popular de liberación infernal” fue sangrienta y dolorosamente aplastado por las Falanges del Orden Negro (si… todos los estados cuentan con estas falanges, y hasta donde se sabe preceden aun a la creación del cielo y el infierno) y bajo el tormento de los verdugos (si… todos los estados cuentan con verdugos…) los cabecillas confesaron que el líder de la revuelta era el ruso.
Belcebú cedió a su lado didáctico y pedagógico y se propuso enseñarle al anarquista que nadie sabe más de conspiraciones, traiciones y golpes de estado que El Malo (bueno, salvo Pinochet y Videla tal vez) y revocó todos los privilegios de Bakunin, desterrándolo a los barrios periféricos, extramuros de Pandemónium, donde el maximalista debería disfrutar de la tortura con la regularidad del horario laboral decimonónico.
Quince días o mil años después, Lucifer el ángel más bello de dios, fue a ver que tanto había aprendido Mijaíl Bakunin con el expeditivo método del tormento.
Recorrió las factorías del dolor a paso lento y reflexivo y constató que nadie aprendía nada ese día. Nadie torturaba, nadie atormentaba, nadie sufría, nadie penaba… los demonios trabajadores de ese sector se habían declarado en huelga.
La actividad registrada en el área de la tortura solo se registraba en las comisarias, las mazmorras de las dictaduras de derecha y de izquierda o de las democracias burguesas o populistas… sobre todo en las comisarias.
Pero en ese barrio del infierno… no se lastimaba ni al enemigo porque la asamblea había declarado la huelga total.
Los obreros del suplicio reclamaban la inmediata y automática libertad de los alzados insurrectos del frente de liberación infernal, la restitución en sus cargos, la dimisión inmediata de Satán, y la puesta en práctica de todos los reclamos de la insurrección. Además de vacaciones pagas, salud y jubilación.
Satán se sintió tocado en lo íntimo por la medida de fuerza y tomó a Mijaíl Bakunin como un proyecto personal. Lo cargó de pesadas cadenas de factura infernal y lo arrojó a las fosas mas profundas del ardiente Averno.
A las fosas desde donde nunca nadie había vuelto a ser visto, ni siquiera por el Malo. A las fosas desde donde nunca han salido ni los sollozos de los desafortunados ni el calor de los corazones ya fríos de los condenados.
El príncipe de las tinieblas arrojó al ácrata ruso a las profundidades donde la luz nunca llegó.
De nuevo, una semana o un eón después los bajos demonios menores, los nobles de Pandemónium y el amo del Mal vieron subir desde los hornos de los jodidos, masas temblorosas de atormentados y atormentadores, hermanadas en sufrimiento, cargadas de banderas rojinegras y al grito de “¡Ni diablo ni patrón!”
Maquiavelo o Menem o algún otro personaje de similar bajeza, lambiscón del demonio y demonio menor y rastrero el mismo, le dijo a Lucifer: - “Amo y señor de mis días… ¿no sería mas descansado y sabio entregar al hijo de la Santa Madre Rusia a la Santa Madre Iglesia y que descanse por una eternidad en los terrenos de esparcimiento de la citada institución?”
- ¿Mmmmm?- rumió Satán…
- Mandemos a Bakunin al cielo.
Al Malo le encantó la idea de sacarse de encima al ruso y de paso cogerse a Dios de una sola movida y con la verga muerta… así que arregló con los embajadores propios y celestiales el traslado y el franqueo de las aduanas inferno-celestiales y el tramite estuvo listo esa misma noche, aunque siempre es noche oscura en el infierno.
Y de nuevo… El Señor de las moscas languideció de aburrimiento y sucumbió al spleen como todos los altos lores de todos los imperios.
Las torturas y el tormento de las almas condenadas no lo divertía y terribles suspiros de tedio recorrían el infierno como huracanes y monzones. Una vez conocido al ruso la vida no es la misma. Sobre todo la vida de los príncipes y los nobles.
Así que decidió volver a la casa de su padre no como un hijo prodigo ni tomando por asalto su heredad, sino como un fugaz visitante. Como un turista japonés.
Subió del infierno al cielo. Porque el cielo esta arriba y el infierno esta abajo, al menos tanto como esta abajo el sur y arriba el norte. Así que Satán bajosubió a arribabajo y llego a la casa de su padre que estaba ahicito nomas porque la fruta nunca cae lejos del árbol y de caídas ningún ángel sabia tanto como Belcebú.
Y debajo de un árbol y frente a un rio calmo pescaba San Pedro.
Sacó del agua una inmensa carpa dorada que nadaba contra la corriente y le hizo un gran favor al paraíso. Todo el mundo sabe que la carpa dorada que nada hasta el nacimiento de la corriente, muta en dragón.
¿Para que quiere el Edén un dragón si tiene un demonio turista?
- Pedro… ¿has visto por aquí a un joven filosofo ruso? El simpático Mijaíl Bakunin…
- Aha - contesto San Pedro raramente vestido como un republicano español.
- Ah… ¿ha tenido Dios algún problema con el? Digo no porque el rusito sea problemático, sino porque tú conoces a mi padre y el carácter de mierda de viejo fascista que tiene… no en vano lo llaman el señor de los ejércitos…
El compañero Pedro miró con tristeza al demonio y lo vio más viejo y casi vencido. Con ternura le apoyó la mano en el hombro y le dijo en un susurro que ahogo la brisa:
- Me extraña que usted no lo sepa compañero… Dios no existe.
Oscar Capristo.
martes, 24 de noviembre de 2009
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1 comentario:
Tremendo.
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